En el 2018 me fui a vivir a la montaña, mi mamá tiene una casita preciosa ahí y yo quise ir a la naturaleza para crear la estructura de mi negocio online.

El plan se escucha bárbaro: naturaleza, sierras, una casa propia, vivir a 3 hs de la familia, no pagar alquiler (desde los 19 lo pago), crear la página web, viajar, tener pileta, huerta, mate, silencio, mil estrellas, espacio y pan casero.

Pero no, yo me comí ese verso por miedo. No sabía si iba a poder con todo y me asusté, hasta ahí contábamos con un sueldo fijo que cubría gastos y puchitos que mi entusiasmo generaba.

Ese verso me costó vivir sin muchas cosas que construyen mi entusiasmo y mi salud.

Yo dejé todo, vendí todo (nos fuimos con ropa, libros, la perra y las plantas), dejé una casa y un barrio precioso, dejé las clases de teatro, los jueves de canto, amigues que me dan vida, dejé el arte y la inspiración que esta ciudad ofrece.

Dejé mis mañanas de correr por el río, mis talleres en la Lucila, dejé de ver teatro, dejé de escribir canciones.
Y también puse en peligro la relación con mi compañero.

Vivir en la montaña, aislados, es todo lo hermoso que dicen que es y todo lo otro que ni te imaginás porque hay que poner el cuerpo para sentir eso.

No estuve bien, pensé muchas cosas feas, lo de entusiasta se me acaba cuando me sacan libertad y arte. No puedo vivir sin eso, somos naturaleza y cultura, somos un todo y hay que atenderlo todo.

Hoy.
Ya sé que sin eso no estaría acá como estoy, ya se que todo eso tuvo tantas cosas hermosas (que te conté en el 2018 y que agradezco siempre).

Ya sé que todo es perfecto y que mi vuelta a Bs As me dio una confianza, una fuerza y un poder que no sabía que tenía (posta, soy otra). Y que sirvió todo: el quedarse sin nada, el reinventarse, el empezar de cero otra vez y volver en un 2019 argentino»particular»donde ¡no paro de crecer!

Y que hice un doctorado en amor propio porque me banqué como una madre (ahora también).

Pero si yo me tuviera al frente cuando pensé que para crear un negocio online había que sacrificar lo que me daba felicidad, me diría «no, no hace falta sufrir para obtener, confiá, vas a poder».

Y no, no lo sabía.
Y sí, agradezco todo, ese miedo también.

Desde que volví estuve canchereando diciendo que tenía que hacer algo con toda esa experiencia, un video contando, un unipersonal divertido. Y todavía no puedo tocar el tema sin que se me trabe el pecho. No estoy generalizando, esto me pasó a mí cuando guardé mi mundo en un ropero porque supuse que no podía con todo y nada se puede comparar.

Me han invitado para contarlo en un evento (podés verlo acá). Hablar de emprender me hizo escribir esto. El que lo escuches no va a evitar que pases nada de lo que tengas que pasar, el camino es personal y necesario. Pero, capaz te hace iluminar unos rincones que no veías.

No sé.

Yo lo voy a dar.

Porque eso, al final de todo este cuento, es lo único que aprendí.

Gracias siempre.

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